lunes, 20 de abril de 2015

El espejo sincero (fábula)



En esto, al ver de pasada
su viso en un diestro espejo,
díjose un hombre orgulloso:
“¡Que tan hermosa mirada
no encuentre justo reflejo
en marco más oneroso!
Mi faz en tanto taimada…
¿Y este sublime despejo?
¿No merece por grandioso
una pátina dorada
que lo plasme en su bosquejo?”
Y oyendo aquello el donoso
cristal de limpia fachada,
le contestó muy perplejo:
“¿Es este el hombre horroroso
cuya frente despejada
se arruga en su rostro viejo?
No se jacte aquel astroso
de pelambre delicada,
que todo justo consejo
será con él generoso.
¡No puedes ver agraciada,
sino con un catalejo,
tu faz de cariz añoso!”
Calló el tipo su jugada,
y no regreso al espejo
de la verdad cauteloso.

El que no posee nada
proclama un tesoro añejo
en sus manos caudaloso;
y ocurre que malgastada
su fortuna y su pellejo
acaba menesteroso.

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