lunes, 20 de abril de 2015

El conejo viejo y el joven (fábula)



Hallóse en un campo bien parejo
un conejo con otro conejo,
y de esta manera conversaron;
que en hurtar pronto y fácil tramaron
la huerta de un ingenuo hortelano.

-Yo que estoy muy viejo y nada sano
te permito que solo te adentres
y que hagas tuyo lo que allí encuentres,
mientras yo vigilo desde fuera
sin renunciar a la nimia espera
de que compartas lo conseguido
con quien tan justo te ha protegido.

-Mucho sabes por ser asaz viejo,
mas no he de seguir tu consejo,
que si entro en aquel campo seguro,
y allí me encuentro en algún apuro
tú no has de auxiliarme predispuesto,
sino que ágil dejarás tu puesto
y pondrás tus pies en Polvorosa,
mientras no yendo a ninguna cosa
mi persona acabara en la olla
como estofado de ajo y cebolla.

Así mucho incauto se confía
en los consejos que otro decía
que para amigos creía buenos,
pero que no arriesgan su valía
sino que los pellejos ajenos
arrastran con su vil valentía.

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