viernes, 29 de mayo de 2015

Rosa roja


Vete, amor



Vete, amor, del alto trono,
aléjate de tu puesto,
no lo dejes mal compuesto
con tu brutal abandono.

Mata célere el encono
que me esclaviza dispuesto
a deshonrar con un gesto
todo el honor que perdono.

Aviva esta llama ardiente
que de ti tan penitente
arde en inútil hoguera

o acorta pronto la espera
de este afecto inconsecuente
de justa y digna manera.

Podrá la llama



Podrá la llama arder mas no quemar.
Podrá el mar crecer pero no inundarme.
Podrá el sueño ser, aunque no embaucarme,
siempre que logre amor evitar.

De tortura me defiendo al no dar
a entender el que obtenga esclavizarme
lo que bien debiera de mí arrojar.

Supuesto que en los celos siempre impropio
este conato en nada se sustenta,
y por morir consciente se impacienta
ya que del calmoso estar hace acopio.

Dijérase que de hiel tu apego es propio,
porque tal en tu dignidad se cimienta
entre esos vahos del político opio.




Las rosas de tus labios



Las rosas de tus labios ¿qué besan?
Cuando apenas sus pétalos rosas
se entreabren cual dulces, hermosas
auras que en mis pesares no cesan.

Al verse indemnes no se interesan
por las muchas causas amorosas
y ni siquiera el hastío expresan.

Mas si la brisa leve esa boca
acaricia con un soplo mero,
¿por qué yo por sentirla desespero
y beso el aire con ansia loca?

Fuera tenerte cerca primero
en todo lo que la magia evoca,
luego retenerte tan señero.




miércoles, 13 de mayo de 2015

Rosas varias


Oculto por un gran velo





Oculto por un gran velo
de la esperanza nocturna
se despliega taciturna
el alma en noble desvelo.
Que sintiendo con recelo
mil pasiones inconstantes
revela sus anhelantes
sentimientos sin codicia;
bien que toda su avaricia
brinda mil besos triunfantes.

Embarca mi ilusión




Embarca mi ilusión en tu grandeza,
entre olas de crespón del mar devotas,
y conduce mis aguerridas flotas
allá donde el orto se despereza.

No se demuestre victoria a flaqueza
con cumplidos lejanos, en derrotas,
mas con todas esas muestras ignotas
del amor, esclavas en su entereza.

¡Ah, rebelde mirar de honda negrura,
del sentir que no mata por su ausencia
y que el último suspiro me apura
revestido de abulia y de inclemencia!

Si probara en mi lecho esa blandura
que acrece tanta continua impaciencia,
no de otro demandara su ternura,
sino de ti por tu aguda conciencia.